viernes, 12 de julio de 2019


Surrealismo

Periodo surrealista

Desde su matrimonio con Olga y el nacimiento de su primer hijo, Pablo, Picasso disfrutaba de una vida familiar feliz; llevaba una vida social muy activa, alternando con la aristocracia y la intelectualidad parisina; la crítica de vanguardia alababa sus logros artísticos, aunque se centraban en los aspectos formales, ignorando los elementos intuitivos y psicológicos de su obra. Aceptado por la sociedad y la crítica, Picasso estaba considerado como una parte de la tradición francesa que descollaba por encima de las travesuras de la nueva generación de dadaístas antiburgueses, que empezaban a ser suplantados por el grupo que se conocería como los surrealistas






En 1925 pintó, para el cuarto cumpleaños de su hijo, Pablo de pierrot (El hijo del artista) (Museo Picasso, París), en un estilo naturalista similar al retrato de arlequín que pintó el año anterior. También pintó La danza (Tate Modern, Londres). Se trata de un momento crucial en el desarrollo de Picasso, tras un periodo en el que trabajó tanto una forma decorativa del cubismo sintético como un estilo figurativo neoclasicista. La danza está en deuda con ambos estilos, pero su importancia radica en que marca una ruptura con una fase serena y clásica y el inicio de un nuevo periodo de violencia emocional y distorsión expresionista.

La danza constituyó el inicio del periodo surrealista de Picasso, entre 1925 y 1938. Antítesis de sus dibujos clásicos sobre la danza, el carácter expresionista del cuadro simbolizaba la creciente irritación de Picasso hacia Olga y las mujeres en general; herido por la muerte de su amigo Ramón Pichot, creía que su mujer Germaine, que había sido la causa de la muerte de Casagemas, destruyó a su amigo como Olga le estaba destruyendo a él. Al dolor por la muerte de Pichot se une la del músico Erik Satie en julio. En verano pintó, en Juan-les-Pins, El beso (Museo Picasso, París), de un espíritu más agresivo aún que La danza. El motivo de las cabezas superpuestas, que aparece en la figura de la mujer y no en la escultura, encontraría continuidad en su obra posterior. Las cualidades irracionales de esta serie de obras, así como las de las primeras obras cubistas, eran las que Breton encontraba análogas a la teoría del automatismo practicada por los artistas surrealistas.
En el ensayo «El surrealismo y la pintura», publicado en julio de 1925 en el número 4 de La Révolution Surréaliste, Breton declaraba a Picasso como modelo de pintor y lo reclamaba como surrealista, al tiempo que señalaba la imposibilidad de aplicar una etiqueta que constriñera su trabajo: «La etiqueta "cubista" ha cometido mucho ese error». En noviembre se produjo la «Exposition: La Peinture Surréaliste», en la Galerie Pierre de París, en la que se expusieron dos de las pinturas del primer cubismo de Picasso, así como obras de Hans Arp, Giorgio de Chirico, Max Ernst, Paul Klee, André Masson, Joan Miró, Man Ray y Pierre Roy; Breton y Robert Desnos escribieron el prefacio del catálogo. La reseña de la exposición de Maurice Raynal en L'intransigeant decía: «¡El "padre del cubismo" se ha convertido en el hijo adoptivo de los surrealistas!». Picasso acompañó en noviembre a su madre, que había pasado las vacaciones con ellos en la costa, a Barcelona. Allí conoció a Dalí, y visitó su primera exposición en solitario en la Galería Dalmau.



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